Un cuarto oscuro,
ruido, quejidos de muebles,
el miedo en la boca
y en el corazón un aterrador grito que se abría paso entre mis labios
apretados.
Invoqué a la luz,
y se hizo un hueco a mi lado.
Un mar de calma me envolvió,
me sentía en paz
con la oscuridad.
Había una presencia clara y serena junto a mí.
Pero todo fue un espejismo,
un nuevo terror emergía de la paz de las sábanas blancas,
volvía la oscuridad a abrazarme celosamente,
con la pasión de una amante ultrajada.
Todo era niebla densa que oprimía el pecho y la razón,
otra vez los ruidos, quejidos del cuarto oscuro
de mi infancia.
Que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso. Walth Whitman
domingo, 12 de julio de 2020
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