el sentimiento dispara y
el que muere eres tú.
Que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso. Walth Whitman
Dulce, peligrosa, sensual,
cariñosa, violenta, tierna,
caprichosa, testadura, buena.
Esa es ella…
Alegre, taciturna, divertida,
solitaria, locuaz, íntima,
soñadora, ventrílocua, real.
Esa es ella…
Telúrica, concupiscente, virginal,
apasionada, triste, vivaz,
sonriente, bestial, balsámica.
Esa es ella
y mucho más…
Ufana, hierática, bailarina,
sofisticada, sencilla, majestuosa,
coqueta, tímida, presumida.
Esa es ella
y mucho más…
Niña, huracán, risa,
rebelde, sumisa, aguerrida,
inocente, malvada, afectiva.
Esa es ella
y mucho
y mucho
más…

A Emma

Apagaré todas mis luces,
será mi alma una noche oscura,
para poder ver las estrellas
que se esconden tras
mis dichas y mis penas,
para poder ver las estrellas
que están grabadas sobre
tu piel suave y serena.

Hoy no he vivido,
no he contemplado el
mecimiento acunado de las hojas,
el batir de alas de una mariposa,
el juego perpetuo de un sol anaranjado.
Cierro los ojos, y no he vivido,
no vi la sonrisa franca,
el tacto casual de unas manos,
el saludo desconocido,
el acto sincero del que pasa a mi lado.
Cubro con mis manos
mis oídos, y no he vivido,
no escuché
el sonido de una carcajada lejana,
el grito de un improperio,
el murmullo de pasos que se alejan,
el eco de la calle.
Abro mis manos al vacío,
no acaricié el sillón olvidado de mi cuarto,
la hierba húmeda de la mañana,
el vello de unos brazos ajenos,
el goce de una cara infantil.
Pasa el tiempo,
el otoño deja a su paso más dudas,
más momentos perdidos.
La sonrisa de un hijo, no la vi.
El abrazo de un padre, no lo sentí.
La mano de un amigo, no la apreté.
El amor de una amante, no lo exprimí.
Abramos ojos, oídos, manos y piel,
miremos alrededor,
despacio,
y agarremos con fuerza el momento,
para no volver
a no vivir.
No fui bendecido
con el don de la palabra,
a las pruebas me remito.
No esperes de mí
un ramo de flores,
una postal de película,
un anillo en una promesa.
Soy la sombra muda
que te persigue por el pasillo,
el roce de una mano
al pasar.
Un beso inesperado,
un abrazo furtivo.
Es cierto, no fui bendecido
con el don de la palabra,
me reitero en lo dicho.
No esperes memoria de
aniversario,
ofrendas nocturnas,
pétalos de rosa.
Soy el que cambia de canal,
el que cede su lado de la cama,
el que te ofrece su último
trozo de pastel.
Soy el que siempre está ahí,
a tu lado,
aunque no te lo diga
siempre,
pues no fui bendecido
con el don de la palabra.
A Manuela